Sin discreción: Inciden en los mercados, matan oportunidades
Extorsionando una Cooperativa de Servicio Público de Neuquén, la embajada estadounidense intenta condicionar el desarrollo de la provincia

La Cooperativa Provincial de Servicios Públicos y Comunitarios de Neuquén Limitada (CALF) es la mayor distribuidora de energía eléctrica del sur argentino, fundada en 1933, y que decidió este año algo tan simple como elegir al mejor proveedor para su red de fibra óptica. CALF evaluó calidad, precio y financiamiento, y se inclinó por Huawei para desarrollar Calfibra y un data center regional en pleno corazón de Vaca Muerta. Simplemente, la mejor oferta técnica. Y sin embargo, esa elección bastó para que la Embajada de Estados Unidos activara un mecanismo de presión que en cualquier otro contexto sería calificado de extorsión diplomática.
Desde el 12 de julio, Andrew Dilts, agregado de Asuntos Económicos de la embajada estadounidense, envió mensajes de WhatsApp al gerente de Tecnología de CALF, Sergio Fernández Novoa, advirtiendo que los directivos de la cooperativa podían perder sus visas a Estados Unidos si el acuerdo con Huawei avanzaba. Cuando el episodio se hizo público, la respuesta oficial no desmintió nada: voceros de la embajada dijeron a La Nación que "el ingreso a Estados Unidos es un privilegio, no un derecho", invocando la doctrina del secretario de Estado Marco Rubio. Es la lógica del poder informal: no hace falta una sanción, un arancel ni una ley. Alcanza con insinuar que la libertad de movimiento de un puñado de gerentes de una cooperativa provincial depende de que esa cooperativa compre lo que Washington quiere que compre.
La embajada china, por su parte, en un comunicado difundido el 6 de agosto a través de su cuenta oficial en X, titulado "Declaración de Portavoz de la Embajada de China en Argentina sobre la arbitraria obstrucción de la cooperación entre China y Argentina por parte de Estados Unidos", calificó a Washington que con estos actos “reflejan plenamente la arrogancia y los prejuicios de Estados Unidos” y que "siempre ha alardeado de sus valores de democracia y libertad, pero no tolera que una empresa privada extranjera pueda subsistir y desarrollarse con normalidad en un tercer país". Es un lenguaje que Pekín rara vez usa en sus comunicaciones desde Buenos Aires, y revela hasta qué punto el caso CALF tocó un nervio: la posibilidad de que Argentina empiece a tratar a las dos potencias como pares.
CALF no se quedó callada, y ahí está lo más valioso del episodio. En su comunicado público de principios de agosto la cooperativa recordó que la tecnología de Huawei ya opera ampliamente en la infraestructura de telecomunicaciones y energía argentina, incluidas operadoras de primera línea, y que "hasta donde esta Cooperativa ha podido conocer, no se han dirigido comunicaciones equivalentes a ninguna de ellas". Y fue tajante sobre su criterio de compra: "Nuestro criterio es y seguirá siendo el mejor servicio al mejor precio para los usuarios de Neuquén". No es una declaración geopolítica: es la defensa elemental del derecho de una empresa argentina a decidir con quién trabaja sin que un funcionario extranjero se lo dispute por WhatsApp.
La política neuquina reaccionó con una claridad que contrasta con el silencio del Gobierno nacional. Doce legisladores de distintos bloques —MPN, Unión por la Patria, UCR y Fuerza Libertaria— acompañaron el proyecto de declaración presentado en la Legislatura por la diputada Cielubi Obreque, que expresa su "más enérgico repudio, rechazo y preocupación" por las comunicaciones de Dilts.
Ese silencio oficial es, de hecho, el dato más elocuente de esta historia. Mientras la embajada estadounidense presionaba a una cooperativa neuquina, el Banco Central que conduce Santiago Bausili renovaba y ampliaba el swap de monedas con el Banco Popular de China por 19.000 millones de dólares, y el Gobierno avanzaba con la aprobación, vía RIGI, del proyecto minero Liex en Catamarca que depende de la corporación Zijin Mining y es un pilar fundamental de la proyeccion China global cotizando en Shangai y en Hong Kong a la vez. Argentina necesita ambos vínculos, y lo sabe: el problema no es tener relación comercial con Estados Unidos, sino aceptar que esa relación venga acompañada de un derecho de veto informal sobre decisiones que le corresponden a una cooperativa eléctrica del interior del país.
El caso CALF-Huawei debería leerse, entonces, no como una anécdota diplomática sino como una muestra en miniatura de lo que significa la multipolaridad en la práctica: la posibilidad concreta de que una provincia, un municipio o una empresa argentina puedan comparar ofertas, elegir la mejor y sostener esa elección sin perder acceso a ningún otro socio. China, al respaldar públicamente a una cooperativa neuquina frente a las presiones de Washington, no defendió solo a Huawei: defendió el principio de que el comercio internacional funciona mejor con varios compradores y vendedores compitiendo en igualdad de condiciones, y no con un solo poder decidiendo, desde una embajada, qué cable de fibra óptica puede tender una cooperativa en la Patagonia.